SEQUÍA HISTÓRICA EN LA CUENCA DEL PARANÁ-PARAGUAY: LOS RESTOS PARA PRODUCIR
En más de un siglo de monitoreo hidrométrico, la cuenca del Paraná-Paraguay enfrenta una sequía sin precedentes. Esto, con efectos alarmantes en la disponibilidad de agua y en la producción agrícola y ganadera de la región
Según el Instituto Nacional del Agua (INA), el almacenamiento en el Alto Paraná continúa por debajo de los niveles operativos normales y sigue en un descenso gradual, acercándose a los críticos registros de 2022. «La escasez de lluvias fue persistente durante todo el año», afirmó esta semana Juan Borús, ingeniero del INA, quien además destacó que la reciente crecida de primavera quedó rápidamente en el olvido.
Pablo Mercuri, director del Centro de Investigación de Recursos Naturales (CIRN) del INTA, subrayó que esta situación es un claro indicador de un ciclo prolongado de escasez de agua que impactó a varios países de Sudamérica en los últimos años. A pesar de que el fenómeno «El Niño» trajo consigo un mejor régimen de lluvias durante la campaña 2023-2024, las reservas naturales de agua y los embalses no consiguieron recuperarse. «La primavera comenzaron con un déficit significativo y un atraso en las precipitaciones, lo que fue una constante en las últimas cinco campañas agrícolas», explicó Mercuri.
En este contexto, Borús advirtió sobre el estado crítico de los caudales fluviales, afirmando que «todo el sistema se encuentra en lo que ya se puede considerar como su piso de caudales en este año». A pesar de que hay indicios de una posible actividad en algunas regiones de respuesta rápida, Borús anticipa que la recuperación será lenta y no suficiente para revertir la situación actual. En Itaipú, tanto la afluencia como la descarga del río se mantienen en niveles bajos, y el río Paraguay presenta mínimos históricos, mientras que el tramo medio del Paraná se encuentra en niveles críticos, similares a los mínimos registrados en 2021.
La situación es particularmente preocupante para el sector agrícola y ganadero. Según Ditmar Kurtz, coordinador de Investigación y Desarrollo Tecnológico del INTA Corrientes, el caudal promedio del río Paraná en la zona de la represa de Yacyretá se sitúa actualmente entre 8,000 y 9,000 m³/s, muy por debajo del promedio histórico de entre 12,000 y 16,000 m³/s.
Esta disminución impacta directamente en la capacidad de riego y en la producción de cultivos. Aunque el cultivo de arroz bajo riego puede adaptarse a la falta de lluvias debido a una menor nubosidad y una mayor radiación solar, la ganadería en islas enfrenta mayores desafíos. «La reducción de los niveles de agua en las áreas ribereñas puede afectar la disponibilidad y calidad del forraje, lo que repercute en la productividad ganadera y aumenta el riesgo de incendios», advirtió Kurtz.
El INTA está realizando un seguimiento mensual de la dinámica de los cuerpos de agua, prestando especial atención a la expansión y contracción del valle de inundación del río Paraná. A través de tecnologías de teledetección, se comprobó que el área cubierta por agua en el valle experimentó un retroceso desde enero hasta septiembre de 2024. «La retracción actual del agua en Corrientes es más pronunciada que durante la bajante anterior de 2020-2021», señaló Kurtz, enfatizando la urgencia de la situación.
Ante este panorama, el INTA promueve la adopción de buenas prácticas agrícolas para optimizar el uso del recurso hídrico disponible. José Rafart, director del INTA Corrientes, recomendó a los productores no retrasar ninguna labor y adecuar los accesos y canales para obtener agua del río. En caso de que se decida reducir el área de siembra, se sugiere priorizar los lotes con mejor accesibilidad y suelos adecuados. Para los ganaderos, Rafart aconsejó clasificar y vender los descartes, así como verificar los alambrados cercanos a los ríos para evitar pérdidas de ganado.
La sequía regional está teniendo un impacto profundo en la agricultura y la ganadería, limitando las posibilidades de siembra y reduciendo el potencial de rendimiento de los cultivos. «La disponibilidad de agua es nuestro mayor activo natural; es importante que continuemos analizando y estudiando los cambios que ocurren en su disponibilidad, especialmente en momentos críticos como el inicio de la siembra», concluyó Mercuri.
A medida que la situación se agrava, las autoridades y productores se enfrentan a un reto formidable para adaptarse y encontrar soluciones que mitiguen los efectos de esta sequía histórica. Con un futuro incierto, la colaboración y la implementación de estrategias efectivas serán esenciales para enfrentar la crisis hídrica en la cuenca del Paraná-Paraguay y sus alrededores.
Extraído de: ÉPOCA
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