Jóvenes bellavistenses transforman batatas de descarte en harina baja en almidón y bioplásticos
Con un desarrollo científico integral que convierte las pérdidas agrícolas de la región en productos de alto valor nutricional y ecológico, estudiantes de la especialidad Química de la Escuela Dr. Juan Esteban Martínez ganaron la semifinal regional de la UNNE y representarán a Chaco y Corrientes en la instancia nacional del concurso
En las cuencas productivas de Bella Vista y el municipio vecino de Tres de Abril, cada temporada de cosecha acarrea una realidad invisible para el consumidor de la ciudad, devastadora para la economía rural. Cada año, miles de toneladas de batatas de excelente calidad bromatológica terminan desechadas en basurales o podridas a orillas de los lotes. No están enfermas ni contaminadas ni carecen de nutrientes; simplemente, no cumplen con las métricas estéticas, los rangos de calibre o las tonalidades prefijadas por las normativas del Código Alimentario Argentino y las exigencias de comercialización de los grandes mercados concentradores.
Frente a este problema social, económico y ambiental, un grupo de cuatro estudiantes de la especialidad Química de la Escuela Técnica Dr. Juan Esteban Martínez, de Bella Vista, decidió pasar a la acción científica. Con ingenio y un profundo sentido de pertenencia, desarrollaron una solución tecnológica que promete transformar lo que el sistema agroalimentario descarta en productos estratégicos para la salud humana y la preservación del medio ambiente.
Las pérdidas
Los alumnos, como parte de los requerimientos de un concurso para emprendedores jóvenes, elaboraron un video de presentación de su proyecto donde explican que la dimensión del desperdicio en la región es grande.
Tan solo en el municipio de Tres de Abril, un enclave con arraigada tradición hortícola, se cosechan anualmente unas 2.800 toneladas de batata. De esa cifra, aproximadamente un 20 % —es decir, más de 500 toneladas de alimento puro— queda sistemáticamente fuera del circuito comercial. Esta marginación no responde a un deterioro del producto, sino a criterios estrictamente formales de clasificación comercial.
Los integrantes del equipo estudiantil —Soledad Sánchez, Adán Sisterna, Lucía Chamorro y Lourdes Fleita— sintetizan el problema con una lucidez destacable en su presentación audiovisual: «En Argentina se descartan miles de toneladas de batata al año. En Tres de Abril se descarta un 20 % de la producción no porque estén en mal estado ni porque nadie las quiera, sino porque no cumplen con un número en el calibre o un color en el Código Alimentario. Este problema tiene nombre y es el trabajador que siembra durante meses y cosecha sin poder vender», explicaron. Esta pérdida representa no solo un derroche innecesario de nutrientes en un contexto socioeconómico complejo, sino también un perjuicio directo para los productores, quienes ven dilapidados meses de trabajo, insumos, energía y capital.
De residuo a superalimento
Con esa premisa en mente, los jóvenes investigadores asumieron que el descarte no debía ser visto como un residuo, sino como una materia prima noble. «¿Y si te dijera que este descarte puede convertirse en la materia prima de algo extraordinario?», cuestionan los estudiantes. A partir de esa pregunta disparadora, la especialidad Química de la Escuela Técnica, con la docente e ingeniera María de los Ángeles Herrera de apoyo, puso en marcha sus laboratorios para dar forma a un proyecto de economía circular que cierra un ciclo productivo que estaba abierto. Si bien en ese colegio la batata viene siendo objeto de estudio y de proyectos desde hace varios años, esta vez la innovación volvió a dar un salto.
Innovación en el fraccionamiento
Aunque la producción de harina de batata tradicional es una práctica conocida en la industria artesanal, la verdadera disrupción aportada por los alumnos de Bella Vista radica en el refinamiento del proceso tecnológico implementado durante este ciclo lectivo. En años anteriores, el secado y la molienda se realizaban sobre la totalidad del tubérculo. En esta nueva etapa, el equipo introdujo una etapa crucial de fraccionamiento bioquímico que permite extraer y separar los componentes clave de la batata para multiplicar sus aplicaciones industriales y comerciales.
La docente guía del proyecto, la ingeniera María de los Ángeles Herrera, explicó este salto cualitativo: «La innovación que crearon este año los chicos es que, antes, la harina de batata se hacía así como venía, procesando el tubérculo entero. Ahora, lo que se hace es separar esa batata, sacarle el almidón.
Entonces se obtiene por un lado, una harina de batata reducida en un 80 % de almidón y un rebozador también reducido en almidón, y, por el otro lado, se recupera el almidón puro de batata como un subproducto independiente de altísimo valor», detalló.
El producto estrella de esta separación es una harina funcional inédita en el mercado regional. Al retirarle el 80 % de su carga original, se obtiene un alimento con bajo índice glucémico, ideal para dietas de personas con diabetes o requerimientos nutricionales específicos, además de ser naturalmente apta para personas celíacas (sin TACC). Con mayor concentración de fibra, minerales y vitaminas por gramo, esta harina se presenta como una alternativa a las harinas tradicionales de trigo o maíz y, sobre todo, como un superalimento versátil para la repostería y la cocina de alta calidad nutricional.
Bioplásticos y bolsas ecológicas
El avance tecnológico del equipo no se detuvo en el ámbito alimenticio. Con el almidón puro extraído durante el proceso, los estudiantes comenzaron a incursionar en el área de los materiales sustentables.
«Con ese almidón de batata empezamos a hacer bioplástico. Estamos trabajando con los chicos en el desarrollo del bioplástico con el almidón de la batata y está muy bueno porque sale lindo, sale bien, ya llegaron a armar bolsitas biodegradables», detalló con entusiasmo la ingeniera Herrera.
De este modo, la propuesta alcanza el estándar de residuo cero: la batata, que antes iba a parar a la basura, se aprovecha de punta a punta, alimentando a la población y reemplazando plásticos de un solo uso derivados del petróleo.
Tecnología limpia con secado solar
La viabilidad técnica y ambiental del proyecto descansa sobre dos pilares: el desarrollo de tecnología propia y el trabajo en red con la comunidad local.
Para el proceso de deshidratación de la materia prima sin generar huella de carbono ni costos energéticos prohibitivos, los alumnos utilizan «Helios», un secador solar térmico diseñado, ensamblado y perfeccionado colaborativamente por distintas promociones de la propia Escuela Técnica a lo largo de los últimos años.
Asimismo, la iniciativa trasciende los muros del establecimiento educativo mediante una alianza estratégica con la Escuela Agrotécnica de la localidad de Tres de Abril. «Estamos trabajando junto con la Agrotécnica y con el doctor Miño, su director. Ellos siembran batata, nos proveen la materia prima y con eso hacemos los ensayos de laboratorio. Es un apoyo mutuo extraordinario: nos apoyamos entre instituciones públicas y con lo que tenemos se hace», enfatizó la docente Herrera.
Inclusión pedagógica en la práctica
Más allá de los logros científicos y ambientales, el proyecto encierra otra dimensión en la inclusión equitativa.
Entre los integrantes del equipo se encuentra Adán Sisterna, un alumno con certificado único de discapacidad (CUD) por retraso cognitivo y dificultades para la comunicación verbal. Lejos de ser relegado, Adán forma parte activa de cada fase del trabajo de campo y laboratorio.
La ingeniera Herrera relató la situación vivida durante la exposición presencial del proyecto: «Adán participa como uno más; en ningún momento se lo trata diferente. Él está, investiga, trabaja al par de sus compañeros. De tanto practicar, insistir y hacerlo parte activa, para la semifinal me pidió él mismo hablar en la exposición. Le di una de las partes más importantes y complejas del discurso, y habló, comentó y explicó todo de manera brillante ante el jurado. Salieron primeros con su grupo. Ver ese progreso, esa confianza que construyó, ya es un premio supremo; más que eso es imposible pedir», resaltó la profesora.
Adán viajará con Soledad, Lucía y Lourdes para defender la propuesta en la instancia nacional, consolidando un ejemplo de inclusión educativa real y efectiva.
Triunfo regional en Emprende U
En el marco del reconocido certamen Emprende U –una iniciativa impulsada por la Universidad Nacional del Nordeste (UNNE) orientada a promover la cultura emprendedora, el desarrollo tecnológico y la innovación socioambiental en estudiantes secundarios y universitarios–, el equipo de Bella Vista realizó un recorrido sobresaliente.
Tras superar una rigurosa preselección de proyectos de toda la región, los jóvenes de la Escuela Técnica Dr. Juan Esteban Martínez clasificaron entre las 20 mejores propuestas que compitieron en la semifinal presencial realizada en el campus tecnológico de la UNNE, en la ciudad de Corrientes.
En esa jornada competitiva, donde midieron sus desarrollos frente a colegios secundarios de Chaco y Corrientes, el jurado le otorgó el primer puesto absoluto a la delegación de Bella Vista, quedando en segundo lugar el prestigioso Colegio Salesiano Pío XII, de la capital provincial.
Este triunfo le valió al equipo el pase directo para representar a la sede UNNE Chaco-Corrientes en la gran final nacional del certamen, que se llevará a cabo el 13 y 14 de agosto, en la ciudad de Rosario, provincia de Santa Fe.
En esa cumbre de la innovación juvenil, los correntinos competirán con los equipos ganadores de las demás regiones del país, enfrentando a delegaciones de Córdoba, Tucumán, Mendoza, Rosario y Santa Fe.
Orgullo y apoyo comunitario
El clima que se vive en la escuela y en la localidad es de pura efervescencia y orgullo colectivo. «Están a full, recontentos, porque se dieron cuenta de que su trabajo, sus proyectos y sus ideas tienen un valor enorme ante jurados expertos. Se esfuerzan un montón, porque con muy poco material hacen cosas grandiosas. El aprendizaje que lograron en este proceso ha sido fabuloso», remarca la docente. El proyecto cuenta con el respaldo incondicional de la comunidad educativa liderada por la rectora Ivonne Merlo, las familias de los estudiantes y el acompañamiento de la Municipalidad de Bella Vista y su intendencia.
Con las valijas cargadas de muestras de harina, galletitas elaboradas con este insumo, bolsas biodegradables, datos rigurosos y una ilusión infinita, estos cuatro jóvenes de Bella Vista se preparan para demostrar a nivel nacional que la ciencia del interior correntino no solo responde a las demandas de su tierra, sino que proyecta soluciones sustentables para el mundo entero. Tal como reza el lema que los guía desde el inicio de esta aventura: «Nosotros no tiramos nada, transformamos todo. Harina de batata: del descarte al futuro».
Extraído de: REPÚBLICA DE CORRIENTES
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