Cifras alarmantes: es tiempo de hablar seriamente sobre suicidio, depresión y salud mental

Sin-título-1

Hay temas que durante mucho tiempo parecían destinados a permanecer en silencio. El suicidio fue uno de ellos, sobre todo en los medios de comunicación. El temor a generar un supuesto «efecto contagio», el estigma alrededor de los trastornos mentales y la dificultad para hablar de la depresión, la angustia o la desesperanza contribuyeron durante años a mantenerlo fuera de las conversaciones familiares, educativas, sociales y, muchas veces, también de la agenda mediática y pública.

Pero la dimensión que adquirió el problema obliga a cambiar la mirada. En Argentina, los datos oficiales utilizados para medir la evolución de la problemática muestran un crecimiento significativo. De acuerdo con las cifras del Sistema Nacional de Información Criminal (SNIC), los suicidios pasaron de 3.304 casos en 2017 a 5.209 en 2025, un incremento del 57,6% en ocho años. Solo entre 2024 y 2025 se produjo una suba del 22,6%, al pasar de 4.249 a 5.209 casos.

El dato equivale, en términos promedio, a alrededor de 14 muertes por día durante 2025. Detrás de cada cifra hay, además, familias, amigos, compañeros de trabajo, comunidades y redes afectivas atravesadas por una pérdida que deja consecuencias mucho más allá de quien murió.

La tasa nacional llegó a 11,8 suicidios cada 100.000 habitantes, de acuerdo con los datos que sirven de base para este análisis. En el escenario regional, la situación también resulta preocupante: la Organización Panamericana de la Salud advierte que las Américas constituyen la única región de la OMS donde la tasa de suicidios aumentó de manera sostenida durante las últimas dos décadas. En 2021 se registraron más de 100.000 muertes por suicidio en la región.

Los jóvenes, en el centro de la preocupación

Uno de los aspectos más sensibles de la situación argentina es su impacto entre adolescentes, jóvenes y adultos jóvenes. La prevención, por lo tanto, no puede limitarse a la atención de una crisis: requiere trabajar sobre la salud mental, los vínculos, la detección temprana y el acceso a asistencia profesional.

La propia OPS señaló este año que el suicidio entre adolescentes y adultos jóvenes aumentó en las Américas durante las últimas dos décadas y que, en 2021, más de 18.000 personas de entre 10 y 24 años murieron por esta causa en la región.

También existe una marcada diferencia según el sexo. En Argentina, los registros muestran una mayor proporción de muertes por suicidio entre los varones. Al mismo tiempo, los datos del sistema de vigilancia sanitaria sobre intentos de suicidio muestran una realidad diferente: hasta octubre de 2025, el 61% de los eventos notificados correspondía a mujeres, mientras que la letalidad era cinco veces mayor entre los varones.

La diferencia es importante porque demuestra que suicidio e intento de suicidio no pueden analizarse solamente a partir de las estadísticas de mortalidad

Hay detrás una problemática mucho más extensa que incluye sufrimiento psíquico, depresión, consumos problemáticos, aislamiento, violencia, dificultades económicas, conflictos familiares y otros factores que pueden combinarse de distintas maneras.

Sin banalizar

Durante mucho tiempo se sostuvo que hablar públicamente de suicidio podía generar un efecto contagio. La evidencia actual obliga a hacer una distinción.

La OMS reconoce que determinadas coberturas periodísticas —especialmente aquellas que son reiterativas, sensacionalistas o que describen métodos o circunstancias de manera explícita— pueden aumentar el riesgo de conductas imitativas. Pero también señala que las historias centradas en recuperación, esperanza y búsqueda de ayuda pueden tener un efecto preventivo.

Por eso, hablar de suicidio no significa banalizarlo ni convertirlo en espectáculo. Significa sacar el problema de la oscuridad para poder reconocer señales de alarma, reducir el estigma y acercar a quienes sufren a los sistemas de ayuda.

La propia legislación argentina establece la necesidad de desarrollar campañas de concientización, capacitar a distintos actores sociales y elaborar recomendaciones para los medios de comunicación sobre el tratamiento responsable de las noticias vinculadas con suicidios.

Extraído de: ÉPOCA

Share this content:

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *