UNA NAVIDAD CON POCA PIROTECNIA

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Primeramente, está la toma de conciencia que realiza la gente y la condescendencia para con los niños autistas, ya que los petardos y la pirotecnia sonora pueden resultar especialmente molestos para las personas con TEA (Trastorno del Espectro Autista) hipersensibles al ruido, provocándoles irritabilidad, nerviosismo, miedo o ansiedad. Incluso algunas de ellas sienten la necesidad de huir y buscar un sitio tranquilo y seguro.

Otro de los aspectos son los animales. Los animales domésticos, como perros y gatos principalmente, también sufren, ya que los ruidos suelen causarles pánico, aumentando el riesgo de lesiones o fugas. En el caso de los perros tienen un sentido del oído muy agudo, por lo que los ruidos fuertes y repentinos de los fuegos artificiales pueden causarles ansiedad. Esto puede desencadenar problemas de salud como alteraciones en el ritmo cardíaco, aumento de la presión arterial, ataques de pánico, vómitos o diarrea.

Y por último está el económico, ya que el precio de los fuegos artificiales, especialmente los de gran estruendo, están cada vez más caros, por lo que la gente se inclina con por las luces (estrellitas y bengalas) que, son más baratas y no realizan los estruendos fuertes que se solían escuchar en navidades anteriores.

Con la llegada de la Navidad, no hubo un masivo juego de luces y estruendos como en años anteriores. Pero eso no quita que, tras unos minutos del inicio del 25 de diciembre luego de brindar, se escucharan los fuegos de artificio tan comunes para esta época del año, no solo en las fiestas de Navidad y año nuevo, sino también en las recepciones de los colegios secundarios.

Extraído de: ÉPOCA

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